Esta es una historia sobre pequeños momentos de la vida, justo esos que nos marcan para siempre, aunque no nos demos cuenta sino hasta tiempo después.

Esto es Florence.

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Si hablamos de su jugabilidad, Florence es bastante sencillo, limitándose a ser una especie de novela gráfica, pero contando solo con una que otra palabra. De hecho, la propia jugabilidad destaca por eso, su sencillez, porque combina perfectamente con toda la profundidad que el juego quiere ofrecer

Al inicio del juego, las escalas de grises dominarán el aspecto visual, inspirando una sensación de apatía y desinterés, tal cual como la vida. Pero ese mundo tan cercano a la realidad, también puede estar lleno de color y emoción, de nuevo, tal cual como la vida.

Los colores, ya sea con fines estéticos o temáticos, te contarán una historia. La delicadeza con la que te contarán esas historias es justo el porqué de que la jugabilidad y los elementos visuales sean tan inseparables. Sí, existe un carácter lineal bastante marcado, pero al final, tu interpretación de todo lo que veas será lo más importante.

Cada color está implementado como una parte íntegra del juego, porque sirven para transmitir la emoción apropiada en el momento apropiado. Cada uno de esos momentos es único, y por eso mismo, no se repiten nunca. Estamos delante de una experiencia corta, pero eso no resta su intensidad, porque esa media hora invertida te dejará pensando por mucho tiempo.

La música de Florence es buena, pero a veces también es tremendamente conmovedora. Y como todo en este juego, está unida de un modo sutil con el resto de sus detalles, y nos vuelve a recordar que este juego tiene grandes intenciones detrás de lo que parece ser solo un juego bonito. La música es clave para que el mensaje que Florence nos quiere hacer llegar funcione.

Si hablamos de que Florence a nivel jugable es bastante sencillo, también lo son los momentos que crean su historia. Incluso me atrevería a decir que tiene una narrativa en general bastante aburrida, pero, ¿cuántos juegos te hacen suspirar o soltar una lágrima por recordarte cosas que has vivido?

Es incluso grosera la manera en la que el juego conecta contigo, porque te llega descaradamente justo donde más te afecta. En la niñez, los miedos, la soledad… y el amor.

¿Recuerdas lo que se siente enamorarse? Espero que sí, y si no, ahí es donde Florence arremete con un conjunto que se entremezcla perfectamente con tus emociones, y en ese instante, lo único que puedes hacer es conmoverte. Florence es una obra que te recuerda que los videojuegos son mucho más que juegos, también son experiencias que sacan a relucir tus sentimientos; son viajes que te conmueven, te hacen suspirar, reír, llorar o te angustian.

Florence no se juega, se siente. Y justo por eso, es por lo que se vuelve una recomendación automática para cualquier persona, y entra al saco de juegos como Shadow of the Colossus, Journey o Life is Strange. Todos hemos pasado por momentos de dolor y vacío, pero también por otros de recuperación y esperanza; así que ya sea si te gusten o no los videojuegos, no hay manera en la que Florence te deje indiferente.

Después de este repaso, al final aún hay algo más que completa el conjunto de esta experiencia: . Este descubrimiento continuo de nuestras emociones es el verdadero pilar de Florence, lo que lo hace destacar como una obra que está muchos renglones por encima del resto. Y en definitiva, es un juego que se quedará conmigo por mucho tiempo.

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